Técnicas terapéuticas

Terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitiva o cognitiva-conductual es una forma de intervención psicoterapéutica en la que destaca prominentemente la reestructuración cognitiva. La promoción de una alianza terapéutica colaborativa, y métodos conductuales y emocionales asociados, mediante un encuadre estructurado. Su hipótesis de trabajo es que los patrones de pensamiento, llamados distorsiones cognitivas tienen efectos adversos sobre las emociones y la conducta. Por tanto, su reestructuración por medio de intervenciones psicoeducativas y práctica contínua, puede mejorar el estado del consultante.

La primera vez que el paciente se reúne con su psicoterapéuta, hablará acerca de cualquier problema que esté teniendo, de cómo se está sintiendo y sobre las metas que tiene para su psicoterapia. Después de unas cuantas visitas se decide con qué frecuencia se realizará la misma, pudiendo el paciente reunirse con su psicoterapeuta cada semana, o solamente una vez al mes. Los objetivos son acordados entre el terapeuta y el paciente, y se formula un plan de intervención estructurado a la medida de las necesidades y características particulares.

Mientras está recibiendo psicoterapia, aprenderá nuevas formas de pensar acerca de las situaciones que le molestan. Además, aprenderá nuevas maneras de afrontar sus sentimientos. La psicoterapia cognitiva también puede ayudarle con sentimientos de rabia, ansiedad, timidez o pánico.

La terapia cognitiva-conductual es empleada para tratar trastornos depresivos, de ansiedad, fobias y otras formas de trastornos psicológicos. Se basa en reconocer el pensamiento distorsionado que las origina y aprender a reempplazarlo con ideas sustitutivas más realistas. Sus practicantes sostienen que la causa de muchas de las depresiones (aunque no todas) son los pensamientos irracionales.

Resulta pertinente señalar que los creadores de este enfoque psicológico y terapéutico, para fundamentarlo, manifiestan haber apelado a antiguos tópicos de la escuela estoica de la filosofía griega. Especialmente, a aquellos en los que pensadores como Epicteto manifiestan, de modo terminante, que no son los 'hechos' objetivos mismos los que perturban la dinámica del 'alma', sino lo que pensamos en nuestro interior, en nuestra subjetividad sobre esos hechos -he aquí el principio cognitivo-. De esta manera, el control de las reacciones de nuestra emotividad y conducta puede permanecer de continuo en nuestas manos. O dicho de otro modo más taxativo: somos, hasta cierto punto, como los creadores de nuestra salud o enfermedad psíquica, de nuestra dicha y de nuestra desdicha. La llamada Terapia racional emotiva conductual, a su vez, siempre ha operado con parejos principios. Es obvio que todo esto ha de ser especialmente valedero para las perturbaciones psicógenas manifiestas. Las distorsiones del paciente, son denominada por los fundadores de la doctrina, como tríada cognitiva.


La tríada cognitiva consiste en tres patrones cognitivos principales que inducen al sujeto a considerarse a si mismo, su futuro y sus experiencias, de un modo idiosincrásico.

El primer componente de la tríada se centra en la visión negativa del paciente acerca de si mismo. Tiende a atribuir sus experiencias desagradables a un defecto suyo de tipo psíquico, moral o físico. Debido a este modo de ver las cosas el paciente cree que a causa de estas defectos es un inútil carente de valor. Piensa que carece de los atributos esenciales para lograr la alegría y la felicidad.

El segundo componente de la tríada cognitiva se centra, en el caso del depresivo, en interpretar sus experiencias de una manera negativa. Le parece que el mundo le hace demandas exageradas y/o le presenta obstáculos insuperables para alcanzar sus objetivos. Interpreta sus interacciones con el entorno en términos de relaciones de derrota o frustración.

Estas frustraciones negativas se hacen evidentes cuando se observa cómo construye el paciente las situaciones en una dirección negativa, aun cuando pudieran hacerse interpretaciones alternativas más plausibles.

El tercer componente de la tríada cognitiva se centra en la visión negativa acerca del futuro. Espera penas, frustraciones y privaciones interminables. Cuando piensa en hacerse cargo de una determinada tarea en un futuro inmediato, inevitablemente sus expectativas son de fracaso. El modelo cognitivo considera el resto de los signos y síntomas, por ejemplo de un síndrome depresivo, como consecuencia de los patrones cognitivos negativos. Por ejemplo, si el paciente piensa erróneamente que va a ser rechazado, reaccionará con el mismo efecto negativo (tristeza, enfado...) que cuando el rechazo es real. Si piensa erróneamente que vive marginado de la sociedad, se sentirá solo.