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Fatiga crónica

Quienes lo padecen

El trastorno no distingue de profesiones. Desde los atareados yuppies a políticos, telefonistas o informáticos, todos pueden padecer este problema. Las personas aburridas de su rutina laboral o los profesionales muy motivados al principio, pero alejados cada día más de su ideal tampoco se liberan del síndrome. Los ejecutivos son quizá los más propensos a contraer este trastorno. Son personas incapaces de decir no a nuevas tareas y obligaciones, aunque estén sobrecargados de trabajo y no le puedan dedicar tiempo a nuevos cometidos. Los profesionales liberales y los artistas que viven de la imágen también caen con frecuencia bajo las garras del cansancio crónico. Los síntomas de este trastorno son difíciles de detectar. Pero las señales de alerta de que una persona ha entrado en una fase de agotamiento son la incapacidad de relajarse, insomnio, cefaleas o dolores de espalda, fobias a ciertos lugares, hipersensibilidad a la crítica, agitación, obsesión por la limpieza, irritabilidad...

Qué es

Quienes padecen de fatiga crónica se sienten agotados desde por la mañana. Se levantan con la sensación de no haber descansado, y durante el día sufren diversos altibajos. Hay tareas para las que se sienten atolondrados e incapaces. Y otras para las que de repente recuperan la energía. Su estado de ánimo puede estar acompañado de apatía, pérdida de memoria y ausencia de deseo sexual.

REMEDIOS ÚTILES

- Es necesario modificar el régimen de vida: hay que atender el sueño, realizar el trabajo y planificar el tiempo libre. - El descanso más sano es el natural. Eso significa reducir el tiempo de estar en la cama, despertarse siempre a la misma hora, aislarse del ruido, mantener la temperatura adecuada en la habitación, no oir la radio ni ver la televisión. El hambre y la saciedad, el café y el tabaco producen insomnio. - Hay que romper con los malos hábitos: empezar a planificarse y actuar según un plan establecido. Es necesario evitar situaciones peligrosas y empezar a fijarse metas realistas. Buscar el hábito que se quiere cambiar y esperar el momento en que se sientan más fuerzas para hacerlo. - Dedicarse a algo que se haga bien y olvidarse de lo que los demás esperan de uno. Cultivar relaciones sociales que sirvan de apoyo. - Hacer ejercicio. El mejor es caminar diariamente. Unos 20 minutos son suficientes.